Lo que muchos recuerdan como un simple programa para niños, en realidad fue una sátira cuidadosamente construida. 31 Minutos nació como una burla directa a los noticieros tradicionales de Chile, replicando su formato rígido y solemne, pero llevándolo al absurdo con títeres, humor irónico y situaciones fuera de lo común.
Inspirado en los informativos de las décadas de los 70 y 80, el proyecto tomó esa estructura seria para desmontarla desde dentro. Personajes como Tulio Triviño y Juan Carlos Bodoque protagonizaron un noticiero donde lo cotidiano se mezclaba con lo ridículo, logrando conectar tanto con niños como con adultos gracias a sus múltiples niveles de lectura.
Incluso su nombre rompe con la lógica tradicional. Mientras los noticieros solían durar 30 o 60 minutos, el “minuto extra” simboliza su intención de no seguir reglas. Esa misma idea se refuerza con una estética que recuerda a cadenas internacionales como CNN, aunque con un contenido completamente irreverente.
Con el paso del tiempo, el programa trascendió la televisión para convertirse en un fenómeno cultural en Latinoamérica. Sus canciones, personajes y estilo marcaron a generaciones, manteniendo vigencia más allá de la nostalgia.

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