El impacto de las redes sociales en la salud mental de niños y adolescentes se ha convertido en uno de los principales motores de regulación en el mundo. Países como Grecia han anunciado prohibiciones para menores de 15 años, argumentando problemas como ansiedad, trastornos del sueño y exposición a diseños adictivos.
Australia fue más allá al prohibir el acceso a menores de 16 años, mientras Francia y Italia avanzan en restricciones similares.
En Asia, Indonesia ya aplica bloqueos, reflejando la preocupación por el bienestar emocional de millones de menores.
En América, Estados Unidos ha comenzado a responsabilizar legalmente a plataformas por daños psicológicos, marcando un precedente importante.
Ante este panorama, México analiza medidas para proteger a su población infantil. Autoridades consideran establecer límites de acceso y fortalecer la supervisión, reconociendo que el problema trasciende lo tecnológico y se instala en la salud pública.
La tendencia global es clara: las redes sociales ya no son solo entretenimiento, sino un factor de riesgo que obliga a los gobiernos a intervenir.

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